Hola soy Ana,
Nací en el Estado de México y llegué a Estados Unidos cuando era niña.
Gran parte de mi vida ha implicado aprender a moverme entre distintos idiomas, culturas y formas de pertenecer.
Sé lo que puede sentirse vivir entre mundos.
Aprender a adaptarse.
Cargar responsabilidades desde temprana edad.
Encontrar fuerza en la comunidad.
Y construir un camino propio mientras intentas honrar de dónde vienes.
Estas experiencias no son el centro de este espacio, pero sí han moldeado la forma en que escucho, acompaño y entiendo las historias que las personas traen consigo.
Mi forma de entender la sanación
Creo que nuestro bienestar no existe aislado de nuestras relaciones, comunidades, culturas ni de los sistemas que impactan nuestras vidas.
Por eso, mi trabajo integra perspectivas informadas por trauma, apego, justicia social, humildad cultural y prácticas terapéuticas basadas en evidencia.
No creo que las personas puedan reducirse a un diagnóstico.
Tampoco creo que sanar signifique convertirse en alguien diferente.
Para mí, la terapia puede ser un espacio para comprender tu historia con mayor compasión, reconocer tus fortalezas y construir nuevas formas de relacionarte contigo mismx y con quienes te rodean.
Soy Licenciada en Trabajo Social Clínico (LCSW) en Colorado.
Durante más de siete años he tenido el privilegio de acompañar a personas, jóvenes y familias en momentos profundamente humanos de sus vidas.
He trabajado en refugios para sobrevivientes de violencia doméstica, hospitales, escuelas, clínicas integradas de salud, organizaciones comunitarias y espacios terapéuticos bilingües. He acompañado a personas atravesando pérdidas, violencia, migración, crisis, cambios importantes y procesos de recuperación. Pero si algo me ha enseñado este trabajo, es que pocas historias son tan simples como parecen al principio.
Con frecuencia aquello que una persona describe como un problema tiene raíces mucho más profundas. A veces el agotamiento tiene que ver con años de responsabilidad. La ansiedad con generaciones de incertidumbre. La dificultad para poner límites con una historia donde cuidar de otrxs siempre fue necesario para sobrevivir.
He aprendido que muchas de las estrategias que hoy generan sufrimiento alguna vez ayudaron a alguien a salir adelante. Y que comprender esa diferencia puede cambiar por completo la manera en que nos relacionamos con nosotrxs mismxs.
Este trabajo también me ha enseñado que las personas poseen una enorme capacidad para transformarse cuando encuentran espacios donde no necesitan defender, justificar o demostrar quiénes son.
Por eso procuro acercarme a cada historia con curiosidad, respeto y humildad. Porque después de todos estos años sigo convencida de que cada persona es experta en su propia experiencia, y que mi papel no es definir su camino, sino acompañarla mientras descubre qué dirección quiere tomar.
Mi experiencia profesional
Algunas cosas que continúan moldeando mi forma de acompañar
Con los años he dejado de buscar explicaciones simples para experiencias complejas. La vida me ha enseñado que dos cosas aparentemente opuestas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
Podemos amar profundamente a alguien y reconocer que nos ha lastimado. Sentir gratitud por nuestra historia y también dolor por aquello que nos costó. Extrañar algo que ya no queremos de regreso. Sentir miedo mientras damos pasos importantes hacia adelante.
He aprendido que gran parte del sufrimiento humano surge cuando intentamos encajar nuestras experiencias en categorías demasiado pequeñas para contenerlas.
Fuerte o vulnerable. Agradecidx o enojadx. Sanadx o heridx.
Como si tuviéramos que elegir una sola versión de nosotrxs mismxs. Pero las personas rara vez vivimos de esa manera.
También he aprendido que sanar no siempre implica cerrar capítulos. A veces implica aprender a leerlos de otra forma.
Encontrar significado donde antes solo había culpa. Reconocer protección donde antes solo veíamos supervivencia.
Nombrar heridas sin convertirlas en nuestra identidad.
Y permitirnos ser más grandes que las historias que nos han contado sobre quiénes deberíamos ser.
Estas comprensiones no provienen únicamente de la formación clínica.
Han surgido de la comunidad, de las relaciones, de escuchar cientos de historias y de continuar aprendiendo de mi propia humanidad.
Es desde ese lugar, profundamente imperfecto y profundamente comprometido, que busco acompañar a quienes llegan a este espacio.

